Sunday, October 19, 2008

Es la puta más bella que tengo.
Es pura, sincera y leal, y nunca me rechaza en los momentos de deseo, porque en el fondo es mi deseo, y no el suyo, la razón de que siga a mi lado. Clara como la arena su curva figura se recuesta en mis muslos mientras yo me concentro en presionar su cuello largo y sedoso de la manera correcta, porque el desacierto del tacto se traduce siempre en orgasmos falsos, aburridos y, finalmente, en silencios incómodos.
Me gusta que otros disfruten de ella únicamente en mi compañía y no es que sea controlador, el celo no es mi fuerte, pero me gusta instruirme observando, aprender nuevas caricias que evoquen en ella nuevas fantasías y gemidos, y es que en este juego del fornicio la experiencia no es solo cuestión de constancia sino también de las circunstancias de cada persona. Muchas veces reconozco sentir que ella disfruta más el tiento de dedos exóticos, el misterio de lo nuevo y la inocencia de lo virgen, pero igual sé que cada noche me espera desnuda y serena, para dibujar con sus suspiros melodías, preludios, orgías y lamentos.

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