La espero. La espero como la arena espera pasar por el embudo, como quién aguarda la sombra de un árbol en los mediodias del último verano catalán, el silbato de partida o la flamante bandera de llegada.
La espero porque no hay más que pueda hacer que detenerme y contar los segundos, porque la felicidad tiene que ser más que placer y tranquilidad, más que entrega y recibo.
La espero porque no la entiendo y este juego de azar me deslumbra, y me quedo atónito y todas las noches despierto dibujando posibilidades.
La espero porque la vida es solo una, porque el tiempo no espera, y por no poder encontrar otra manera mejor de gastarla que esperarla.
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